
Si le pusieras música a pi (π) te sonaría un blues y el resultado de algunas partes de la novena sinfonía de Beethoven casi equivalen a un seno. Por lo menos eso es lo que ha concluido la matemática española Inés Márquez, que es profesora prejubilada del Departamento de Análisis Matemático de la Universidad de La Laguna, en Tenerife (Islas Canarias, España).
La profesora convierte las cifras en frecuencias audibles, que van de 20 a 20.000 hertzios, multiplicando por potencias de dos hasta que se escuchan sonidos que se pueden cantar, con el resultado de que en una primera instancia los sonidos parecen desafinados, la música era "espacial: parecía que iban a aparecer los marcianos".
Esto se debe a que esos sonidos iniciales "no están en el piano o en un instrumento temperado". Márquez utiliza las pautas de "El clave bien temperado" de Bach, de forma que los sonidos los entienda el oído occidental.
Además los sitúa en una octava para que los sonidos muy graves o agudos puedan ser interpretados por voces humanas.
Posteriormente les puso sonido de flauta -cuyo sonido es el más puro por tener menos armónicos- e hizo un arreglo para coro sintético de cuatro voces y para cuarteto de cuerda, así que resultó "una sinfonía de pi" en do menor y con notas propias de la escala del "blues".
Se puede poner música a la raíz de dos o a cualquier otro número si se multiplica por dos hasta que resulta una frecuencia audible.
Márquez también le puso música a las funciones matemáticas, como la función seno (en forma gráfica de montaña-valle), cuyos sonidos resultaron similares al viento susurrante.
También realizó el proceso contrario: transformar la música en una función matemática; así, la "Oda a la alegría" del último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven tendrá una función asociada.
A esta función le halló las derivadas, que proporcionan "mucha información" acerca de la música y del autor, si es impetuoso al pasar de notas graves a agudas rápidamente o lo hace con suavidad.
En este fragmento Inés Márquez encontró que la música es tan perfecta que la función matemática resultante "es casi un seno", algo que le parece "increíble" si Beethoven no sabía matemáticas. EFE