Honestamente, como equipo, nunca tuve un Super Nintendo, aquella consola que duplicó los bits de su predecesora y que empezó con aquello de la perspectiva 3D, al menos en el mundo de las consolas de esta marca japonesa. De pequeño, tenía que peregrinar 15 minutos a pie todos los días para ir a la casa de mi primo y poder jugar con la consola de Nintendo. Hoy celebro con nostalgia aquellas jornadas maratónicas que terminaban cerca de la media noche y volvían a comenzar a las 5 de la mañana.